
El desarrollo del pensamiento se constituye en una poderosa herramienta de la cual nadie puede ni debe quedar marginado. La educación para el desarrollo del pensamiento debe ser tan importante y fundamental al igual que el desarrollo ético-moral.
Enseñar o aprender a pensar apoya el proceso de reflexión y apropiación de las temáticas de las distintas áreas de formación. En este sentido, se asegura que el aprendizaje de cada tema sea significativo y pueda tener implicaciones en el contexto donde cada estudiante se desenvuelve, es decir, que traspasen los espacios del aula.
Cuando el desarrollo de los distintos temas en el aula, se hace desde la cognición, se crea la oportunidad de comprenderlos, transferirlos y re-construirlos, de tal forma que cada nuevo conocimiento alimente esa red conceptual y esté disponible cuando se requiera. Lo anterior plantea una nueva mirada a la educación, pues educar para el pensamiento, le resta terreno a una enseñanza de contenidos y a la memorización de éstos, lo que se pretende es tomarse esta última como medio para el desarrollo más elevado de la comprensión. Entendiendo el comprender como la habilidad de pensar y actuar con flexibilidad a partir de lo que se sabe. Donde esa flexibilidad es flexibilidad pedagógica, en el sentido que permite la adaptación de la práctica docente a nuevas formas de enseñanzas que permitan que los y las estudiantes vayan más allá de una mera formación enciclopédica y logren integrar los conocimientos a distintos ámbitos y requerimientos.
Educar para el pensamiento no es una tarea fácil, es compleja, requiere mucho trabajo y disposición. Demanda salirse de ciertos mapas mentales que la educación ha configurado con respecto de las potencialidades de sus estudiantes y estudiantes. En el sentido que no debemos limitar el desarrollo de la actividad reflexiva de alumnos y alumnos, para así lograr integrar transversalmente en la educación el desarrollo del pensamiento. ¿Por qué es necesario educar para el pensamiento?, porque otorga autonomía, mejora la reflexión, desarrolla potencialidades y ayuda a formar personas más íntegras. Por sobre todo, empodera a las personas para que puedan con argumentos y juicios racionales defender sus derechos y el de los demás. Pedagógicamente es una manera de poder instalar a la educación como ayuda para sensibilizar a los alumnos y alumnas en su rol de ciudadanos activos capaces de reflexionar sobre su comunidad y participar en los cambios de ésta.
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